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El señor de la calle Allende

Fotografía y texto por: Fredo de Luna

Todo comenzó por querer saber su nombre, cual era su historia, porque vagaba por las calles, como fue que había perdido la razón y porqué no la había recuperado, ya que todos en algún momento la hemos perdido…

Recuerdo mi primer encuentro, frente a la catedral, me acerque para ofrecerle un poco de comida, y me contestó solo con gruñidos, era mas que claro que al menos esas galletas no le gustaban…

Me he preguntado, porque me sigue? Porque lo encuentro en todas partes?

Ese día se acercó conmigo otro indigente y me regaló un zapato, me dijo que le habían arrebatado el otro y solo pudo conservar uno…

Que pasa con ellos, donde duermen? Cuando hace frio o calor donde es su refugio?

Cuando estas en la calle no tienes ninguna otra opción, al parecer la locura es la única salida, el único escape de la miseria de no tener un hogar.

El señor de la calle Allende, padece de sus facultades mentales y es una persona en situación de calle.

Como todos los días comenzó su procesión, en sus tobillos lleva amarrados unas tiras de tela desgarrada, las arrastra como si fueran cadenas, en una penitencia eterna, de esta manera recorre las calles de Ciudad Victoria, la ciudad limpia, la ciudad amable,

En estas calles no tiene oportunidad para tomarse medicamentos o recibir tratamiento, lo único que puede hacer es buscar la manera de sobrevivir.

La gente le teme por su apariencia, lo juzgan como si fuera un criminal, pero detrás de toda esa tierra, de el olor a orín, de esas ropas desgarradas se encuentra un ser humano, noble, confundido, sin esperanza…

Lo encontré en el mismo lugar que el día anterior, había pasado la noche durmiendo en el frío pavimento en la calle Allende, sin ninguna pertenencia, ni siquiera una colcha para protegerse del frio, solo lo acompañaba la ropa que llevaba puesta y la terrible indiferencia de las personas que caminaban por ahí y de las instituciones que deberían protegerlo.

Recorre la ciudad con la esperanza de encontrar ayuda, las personas están dispuestas a ayudar, pero no saben como.

Se detiene afuera de los negocios, en la tortillería lo conocen y le regalan tortillas recién hechas, en la tienda de la esquina le regalan un refresco, del restaurant sale alguien a darle un plato de comida, ha encontrado la manera de sobrevivir este día.

Llega a dormir al mismo lugar, a esa banqueta fría en la esquina de la calle Allende, iluminada por un pequeño foco, durante los días que lo seguí hubo quien le barriera la banqueta donde duerme, le llevara una cobija, le regalan ropa limpia.

Por que en Tamaulipas hablar de derechos humanos es hablar de un asunto pendiente…

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